Mall del Alto abrió sus puertas con el acero de Novacero, 100.000 m² de espacios comerciales y una lista de marcas internacionales. Pero entre los locales de Burger King y los restaurantes con fila, hay seis negocios que arrancan en Cuenca con las manos, un cliente a la vez, y que ahora tienen dirección en el centro comercial más cotizado del país.
Este episodio no es sobre el mall. Es sobre lo que hace falta para llegar a él. Seis casos distintos, seis caminos distintos, pero todos con el mismo patrón de fondo: alguien que decidió hacer algo bien antes de hacerlo grande.
Lo que sigue no es un recorrido. Es un análisis de por qué estas marcas están ahí y qué se puede aprender de cada una.
Empezar sin querer querer: la historia de Tulipano
Cuando ella tenía 16 años vendía en el grupo de Facebook “Mujeres Cuenca” y fiaba a sus compañeros del colegio. El Nutella Misu, su primera receta viral, la hizo famosa antes de que supiera que estaba construyendo una marca. Hoy, con 26 años, Tulipano tiene local en el mall más visitado del Ecuador y es, probablemente, la empresaria más joven que ha pasado por Marcas que Impactan.
Lo que llama la atención de su caso no es la precocidad. Es la claridad con la que identifica su motor: el cansancio que le genera su trabajo es el único que quiere sentir. No llegó a la pastelería por cálculo. Llegó porque no podía imaginar otro cansancio que valiera la pena. Esa distinción importa. No es pasión como concepto motivacional. Es una preferencia muy concreta sobre cómo gastar la energía de una vida.
El negocio arrancó antes de que existiera el negocio. La marca vino después, en una clase de ilustrador en la UDA, cuando ya había clientes y ya había ingresos. El mercado no espera a que estés lista para llamarlo negocio.
De Masterchef a commodity: la decisión que tomó la Chef Caro
Las Tartas de la Chef Caro nacieron de una crisis. Durante los apagones, el restaurante criollo perdía clientes porque la gente no salía. La solución fue el delivery. El problema fue que la mayoría de los platos no viajaban bien. Entonces desarrollaron una gastronomía más informal y pusieron una tarta vasca de postre. La primera semana vendieron dos. La semana siguiente, ocho. El día de los enamorados, 250 tartas hasta las cinco de la tarde.
Ese crecimiento no fue planeado. Fue observado y después ejecutado. La apertura en Cuenca llegó porque la demanda ya existía: cuencanos que viajaban a Quito específicamente para traerse tartas, o que aprovechaban el viaje para llevar algunas. El mercado pidió el local antes de que el local existiera.
Iñaki lo explica de manera directa: cuanto más sencillo sea el producto, más fácil mantener la calidad. Una tarta vasca tiene pocos ingredientes, poco margen de error y no necesita que el creador esté presente para que salga bien. Eso es lo que hace posible escalar sin perder el producto. Y también lo que hace posible que Chef Caro maneje el negocio desde España mientras el equipo en Cuenca ejecuta.
La estructura de producción con el mercado Roberto Mora es otro elemento del modelo: ellos producen, Chef Caro pone la marca y gestiona. Sin necesidad de montar un centro de producción propio desde cero. La escalabilidad no siempre viene de hacer más. A veces viene de delegar bien la parte que ya alguien hace mejor.
Monte Bianco y Tábola: las reglas del mall que nadie te dice antes de entrar
Roberto Calovi lleva años en las calles de Cuenca con Monte Bianco. El mall es su primer local en un centro comercial y lleva dos semanas aprendiendo algo que en la calle no existe: las reglas del mall son las reglas del mall, no las tuyas.
Horario de apertura a las 10, cierre a las 10 de la noche. Obligación de abrir en Black Friday con horario extendido. Descuentos exigidos en fechas especiales. Y lo más difícil: si te quedas sin producto, no puedes entrar a traer más cuando quieras. La logística del mall tiene sus propios accesos, sus propios horarios y su propia lógica. En feriado de apertura se quedaron sin varios sabores de helado y no había manera de reponerlos en ese momento.
Lo que describe Roberto no es una queja. Es una curva de aprendizaje muy específica que cualquiera que considere entrar a un mall debería conocer de antemano. El modelo de negocio de la calle —horarios propios, reposición flexible, relación directa con el cliente— no se traslada automáticamente. Hay que rediseñar la operación desde la logística hasta el personal.
Tábola, su segundo proyecto en el mall, trabaja con una premisa diferente: “tú pones la gente, nosotros ponemos la comida.” La cocina está diseñada para sacar platos en doce a quince minutos porque el tiempo promedio de una persona en el mall es cuarenta y cinco minutos. Esa restricción no es una limitación. Es el brief de diseño del negocio.
LYO: el helado de aceite de oliva que llegó a las nuevas generaciones
LYO no es un nombre random. Es de origen griego, evoca frescura y bienestar, y está pensado para una generación que busca algo distinto. Su maestro heladero Roberto es quien desarrolla los sabores —yogur griego con aceite de oliva y sal en grano es el que más provoca reacción— y la marca funciona como plataforma para esa experimentación.
El ejercicio en cámara lo dice todo: Nico lo prueba sin expectativa, lo llama raro, y después dice que está bueno. Eso es exactamente lo que Lyo busca. No convencer a quien ya quiere un helado de vainilla. Convencer a quien dice “eso no lo pediría nunca” de que se sorprenda.
Tokte: de las joyas al kéfir, pasando por un quebranto
Marcelo García lleva diez años en el ecosistema de jóvenes empresarios. Pero Tokte no nació de una oportunidad de negocio. Nació de una pérdida. Trabajaba en el mundo de las joyas, hubo una pérdida grande, vino un quebranto de salud y regresó a Cuenca. Desde ahí empezó a fermentar leche.
La idea era simple y respaldada por evidencia: el intestino tiene más de 100 millones de neuronas, y lo que se come impacta el bienestar. Santiago Peralta, en una conversación de hace diez años, le había dicho que agregar valor a los alimentos convencionales era lo que el mercado necesitaría. Tokte tomó eso en serio y lo convirtió en la primera empresa de lácteos orgánicos certificada del Ecuador.
Hoy está en Supermaxi, Coral, Mi Comisariato y todas las cadenas de supermercados a nivel nacional. En la apertura del mall, el presidente pasó por el local y Marcelo ya tenía algo listo: una cadena grabada con las fotos de los hijos para entregarle a la primera dama. Si quieres ver los detalles de cómo Tokte estructuró su proceso de certificación orgánica y qué implica ser el único en ese segmento en Ecuador, en Personas Que Impactan (PQI) hay contenido exclusivo que no entra en el video completo.
Su meta de facturación para este año es doblar. No lo dice con grandilocuencia. Lo dice como quien ya tiene el camino claro. Lo que empieza como una búsqueda de bienestar propio puede convertirse en un modelo de negocio si encuentras que más gente necesita lo mismo.
Marpesia: de la libreta de fiados al Mall del Alto
Paulina Cisneros empezó por un collar café que no quería usar. Fue a comprar los materiales, se hizo el mismo modelo en negro, y su tía se lo encargó. Desde ahí fue puerta a puerta —a aseguradoras, a bancos— con un maletín de lo que llevaba hecho. Tenía una libretita para registrar los fiados. Estudiaba comunicación social.
La marca la creó en una clase de ilustrador en la UDA, inspirada en una mariposa de nombre Marpesia que simbolizaba transformación. Hoy tiene dos locales en Cuenca —el del mall del Río lo trasladó al Mall del Alto— y planes de expandirse a Puertas del Sol, Challuabamba y eventualmente Quito.
Lo que hace diferente a Marpesia no es solo la bisutería. Es el sistema de cuidado post-venta. Después de detectar que los clientes se ponían alcohol oxigenado en las perforaciones y se les infectaban, decidieron entregarles el líquido correcto con instrucciones. El problema del cliente se convirtió en parte del producto.
Camilo recibió un llavero. Luz Pinos recibió una cadena. Nico descubrió a Luz Pinos gracias a Paulina y dice haberle metido diez mil horas en Spotify. Para Marpesia, cada pieza que llega a manos conocidas es publicidad que no se puede comprar.
Lo que tienen en común estas seis marcas no es el local en el mall. Es lo que hicieron antes de tenerlo.
Ninguna llegó con una idea y una inversión. Llegaron con un producto que ya tenía mercado, un proceso que ya tenía rodaje y un equipo que ya había cometido los errores que cuestan y salen caros. El mall no las hizo. El mall las encontró listas.
La pregunta relevante para quien está empezando no es cuándo llegar al mall. Es si el negocio que se está construyendo hoy podría aguantar las reglas de ese nivel. Horarios que no se negocian, logística que no perdona, competencia en el mismo pasillo. Si la respuesta es todavía no, eso no es un problema. Es información.Ecuador tiene marcas capaces de estar en Rusia, en Japón o en Miami. Pero primero tienen que aprender a quedarse sin helado de mandarina un feriado y aun así no perder el cliente.