Hay dos tipos de conversaciones sobre dinero. La del que te dice cómo hacerte rico en 90 días. Y la del que lleva 45 años trabajando, sobrevivió una pandemia, una crisis energética y una caída de ventas de $21 a $8 millones, y todavía se levanta cada mañana a producir.
Alfredo Peña es del segundo tipo.
Es el empresario detrás de Graiman, una de las industrias más importantes del Ecuador en el sector cerámico. Y en este capítulo de MQI —en colaboración con De Shunho A Crack— se sentó a hablar de algo que casi nadie aborda con honestidad: cómo pasa el dinero de la empresa al bolsillo personal, cómo se endeuda, en qué invierte, cuándo deja de arriesgar y qué le diría a su nieto si llega con $1,000 en la mano.
Estas son las ideas más potentes de esa conversación.
El mejor consejo sobre plata que ha recibido: “así como llega, se va”
Se lo dio su padre. Un hombre que tenía mucho dinero, pero parecía que no tenía nada. Carro normal, estilo de vida austero, hobbies relacionados con la naturaleza y el trabajo, no con el lujo.
La lección es simple pero casi nadie la aplica: cuando llegue el dinero, no cambies tu estilo de vida. Mientras menos necesites del dinero para ser feliz, más capacidad tendrás de mantenerlo y por más tiempo.
Alfredo lo complementa con un libro que recomienda abiertamente: Ligero de equipaje de Tony de Mello, sobre los apegos y cómo nos controlan sin que nos demos cuenta.
Hay algo interesante que él observa en la generación de empresarios que construyó las grandes industrias del país: la mayoría son de bajo perfil. No andan con marcas de lujo ni necesitan demostrar nada. Alfredo cree que esas generaciones anteriores tenían más claridad: la felicidad no está en la marca de tu ropa, sino en un valor de vida. Y que los jóvenes que hoy confunden marcas con identidad van a pegarse fuerte contra esa trampa del capitalismo mal entendido.
Utilidades: cuándo reinvertir, cuándo repartir y por qué el EBITDA importa más que las ganancias
La respuesta fácil cuando alguien pregunta qué hacer con las utilidades es “reinviértelas”. Pero Alfredo lo matiza con criterio.
Si la utilidad es sólida —no coyuntural ni especulativa— lo más sabio es destinar un porcentaje a mejorar procesos, tecnología y competitividad. Y otro porcentaje a repartir entre los accionistas para que ese dinero se convierta en presupuesto familiar real: estudios de los hijos, la casa, un viaje que unifique a la familia.
Pero lo que realmente mide la salud de un negocio no son las utilidades en sí. Es el EBITDA: cuánta liquidez puede generar tu negocio para tomar decisiones. Eso es más revelador que cualquier cifra de ganancia neta.
Graiman vivió esto en carne propia. Después del boom de construcción post-pandemia, vino una sobreinversión mundial en cerámica, una recesión local y una parálisis del sector. Hubo años donde no se repartieron utilidades, se reestructuró el gasto y se redimensionaron las prioridades de inversión. Lo que los salvó fue tener un equipo enfocado y saber jerarquizar.
La regla de endeudamiento: deuda bancaria dividida para EBITDA, nunca más de 3
Alfredo no le tiene miedo a la deuda bancaria. Al contrario, la considera una herramienta poderosa. Pero con un índice claro que usa como brújula.
Tomas toda tu deuda bancaria (corto y largo plazo) y la divides para la generación de EBITDA del año. Esa división no debería pasar de 3. Si está alrededor de 2 o menos, vas bien. Si está en 1, tu empresa está hecha una bala.
Esa métrica es lo que separa al empresario que se endeuda con estrategia del que se endeuda con esperanza.
Dónde poner la plata: diversificación real, no de PowerPoint
Cuando le preguntan por inversiones, Alfredo no da la típica respuesta de “compra acciones en el S&P 500”. Su enfoque es más pragmático y tiene capas.
Un porcentaje pequeño en fondos de emprendimiento: alto riesgo, pero con posibilidad de retornos de 5x o 20x. Otro porcentaje en un portafolio diversificado que genere por encima de la inflación, destinado a sustentar estudios y estilo de vida. Criptomonedas como Bitcoin, pero sin exigirle nada al corto plazo, entendiéndolo como un instrumento de largo plazo dentro del mundo blockchain y la desintermediación financiera. Y terrenos con paciencia, una tradición que heredó de su padre.
Su padre compraba terrenos en zonas que nadie miraba hace 40 o 50 años, tanto en Ecuador como en Estados Unidos. La clave era visualizar a 50 años, no a 5. Esos terrenos no eran para él. Eran para sus nietos. Y hoy su descendencia está disfrutando ese legado.
La frase que resume su filosofía de inversión la heredó también de su padre: “Nadie come gallina gorda por mano ajena.” Para Alfredo, es más satisfactorio apostar por tu propio negocio que tener un fondo donde alguien más maneja tu plata.
Activos personales vs. activos empresariales: el error que se vuelve perverso
El libro dice “pon todo a nombre de la empresa porque es deducible”. Alfredo dice que eso, con el tiempo, se pudre.
Si tu carro es de la empresa y quieres irte al Perú, tienes que pedirle permiso al gerente. Si tu casa es de la empresa, la empresa es la dueña, no tú. Cuando empiezas a confundir lo personal con lo empresarial, pierdes identidad sobre qué es tuyo y qué no.
Su recomendación: llega un punto donde necesitas separar con claridad. Lo personal con un equipo (lo que él llama Family Office), y la empresa con otro. Equipos separados pero interconectados por una asamblea familiar o un directorio. Inversiones, seguros médicos, portafolios por un lado. Operación del negocio por otro. Orden.
Compensación inteligente: no todo es subir el sueldo
Subir el sueldo tiene un efecto rápido que se diluye igual de rápido, porque el ser humano lo convierte en gasto fijo. Además, te golpea tributariamente.
Lo que Alfredo propone es más inteligente: compensación contributiva. Que la empresa invierta en el talento de la persona. Un viaje a una feria tecnológica, una capacitación fuera del país, una experiencia formativa. Eso también es dinero, pero es dinero que no paga impuestos, forma al colaborador y lo fideliza.
Es la diferencia entre darle a alguien un billete más grande o darle una herramienta que lo haga más valioso. La segunda opción gana siempre.
La planificación tributaria: compleja, cambiante y necesaria
Alfredo lo dice sin rodeos: las leyes cambian constantemente, el SRI saca algo nuevo cada mes, y en su caso es doblemente complejo porque tiene doble nacionalidad y paga impuestos tanto al IRS como al SRI.
La solución no es quejarse. Es tener un equipo financiero, contable y asesor de primer nivel. Porque el negocio del fisco es sacarte la mayor cantidad de plata posible, y si no estás preparado, vas a pagar de más.
En este capítulo Alfredo comparte fórmulas concretas que usa para tomar decisiones financieras en Graiman: desde el índice deuda/EBITDA hasta cómo estructura la compensación de su equipo.
Si quieres ver los clips donde profundiza en estos temas con ejemplos reales, en Personas Que Impactan (PQI) compartimos ese contenido exclusivo que no sale en el video completo.
“Invierte en ti”: el consejo para el nieto con $1,000
Cuando le plantean el escenario de un nieto que llega con $1,000 preguntando en qué invertir, la respuesta de Alfredo no es Bitcoin ni acciones ni terrenos.
Es: invierte en ti. Viaja, conoce el mundo, haz un curso, mídete en un negocio pequeño. Los $1,000 se van. Lo que aprendes viajando o emprendiendo no se va nunca.
En un mundo donde todos quieren el hack rápido para multiplicar dinero, esa respuesta es brutalmente contraintuitiva. Y probablemente la más honesta que vas a escuchar.
45 años y sin jubilarse: trabajar no es castigo, es propósito
Alfredo empezó a los 18 años en Graiman. Lleva 45 años. Aporta al seguro social no porque espere recibir algo, sino por solidaridad. Y no piensa jubilarse porque siente que todavía puede aportar.
Su visión es que hoy trabajar hasta los 80 no es utópico. Lo triste, dice, es ver a personas con enorme capacidad de dar que se van solo a jugar golf. Su propuesta es distinta: hagamos negocios jugando golf.
No se trata de no parar nunca. Se trata de encontrar qué rol puedes jugar con tu experiencia para seguir generando valor y bienestar, para ti y para otros.
La lección MQI: el dinero es una herramienta, no una identidad
Todo el capítulo se resume en una frase que Alfredo repite de distintas formas: ten una buena relación contigo mismo y con el dinero. No creas que lo que te llega sin trabajo es un derecho. No escondas tus talentos. Multiplícalos.
Y si tu negocio crece, no confundas el éxito con el lujo. Confúndelo con la capacidad de seguir invirtiendo, seguir creando empleo y seguir apostando por lo que construyes. Eso es patrimonio de verdad. Lo otro es ruido.