Arcor tiene 75 años en el mercado. Es la empresa de golosinas y chocolates más grande de Latinoamérica, con más de 150 distribuidores en Argentina y una red de kioscos que cubre el país de punta a punta. Con ese tamaño, uno asumiría que tiene todo resuelto. Pero hasta hace unos años, el crédito a sus puntos de venta lo gestionaban con papel y lápiz, y a 400 clientes activos era el techo. No sabían cómo escalar más allá de eso.
Desde Quito, Mateo Semerene y Andrés Pérez —socios fundadores de Altscore— vieron el problema antes de que Arcor lo buscara. Lo que construyeron no es un banco, no es una billetera digital ni software de cobranzas. Es la infraestructura que permite a cualquier empresa grande prestarle dinero a sus propios clientes, con los datos que ya tiene, sin depender del sistema financiero tradicional.
Hoy Arcor presta dinero a sus kiosqueros en cuotas quincenales desde la misma app donde hacen el pedido. La tasa de morosidad resultante es del 0,5%. Para contexto: en Argentina, la tasa promedio del sistema bancario ronda el 22.80%.
El crédito como herramienta comercial, no como producto financiero
Lo primero que entienden en Altscore —y que mucha gente en fintech no termina de procesar— es que el crédito dentro de una cadena de distribución no es un producto financiero. Es una herramienta comercial. Arcor no quiere ser un banco. Quiere que los kioscos compren más Rocklets.
El modelo es simple en concepto y complejo en ejecución: Arcor le presta dinero a sus kiosqueros para que compren más inventario de Arcor. El kiosquero que antes no podía hacer el pedido completo porque le faltaba capital de trabajo, ahora puede. Un distribuidor de la red estimó que las ventas en los puntos de venta que adoptaron el crédito subieron un 20%.
El crédito, usado así, no compite con los bancos. Los hace irrelevantes para este eslabón de la cadena.
Cómo se toma la decisión de prestar
La pregunta que derrumba o valida cualquier modelo de crédito es siempre la misma: ¿cómo sabes a quién le prestas? La respuesta de Altscore es técnicamente elegante y conceptualmente honesta.
Su sistema se conecta vía API al ERP de la empresa —en este caso, el de Arcor— y analiza la historia de relación entre la compañía y cada punto de venta. Décadas de datos de compras, frecuencia, volúmenes, comportamiento. No hace falta buró de crédito externo ni extractos bancarios. Arcor ya tiene suficiente información sobre sus propios clientes para saber, mejor que cualquier institución financiera, quién es buen pagador.
En Ecuador y otros mercados, Altscore puede complementar con fuentes de Open Finance y Open Tax según el país. Pero en el caso de Arcor, 75 años de historial comercial con su red fue argumento más que suficiente para prescindir de cualquier fuente externa.
La tasa de mora que no tiene explicación convencional
El 0,5% de morosidad no es un número de marketing. Es el dato real después de tres años operando con Arcor. Para que ese número tenga sentido, hay que entender el incentivo de fondo: el kiosquero que no paga pierde acceso al inventario del proveedor más importante que le surte. La deuda tiene consecuencias inmediatas en el negocio. Eso cambia el comportamiento de una manera que ningún contrato de crédito de consumo logra replicar.
Hay además una cláusula que convierte al distribuidor en aliado y no en auditor de riesgo: si un kiosquero no paga, Arcor repone la mercadería al distribuidor al costo. El distribuidor no absorbe el riesgo. Eso también explica por qué la adopción en la red fue rápida y sin fricciones.
Cuando el crédito está bien diseñado para el contexto en que opera, los incentivos se alinean solos. El sistema se regula.
La ruta para conseguir un cliente como Arcor desde Quito
Llegar a Arcor no fue una llamada en frío. Fue el resultado de una estrategia de capital de riesgo que Altscore eligió con cuidado.
Kamay Ventures es un fondo que recibe dinero de corporativos grandes de Latinoamérica —entre ellos el propio Arcor y Coca-Cola— y lo invierte en empresas que resuelven problemas dentro de sus cadenas de valor. Después genera los espacios para que esas empresas sean contratadas por quienes las financiaron. En 2023, en un evento llamado Kamay Code, Arcor puso sobre la mesa un problema que ya conocía pero no sabía cómo resolver: el crédito manual no escalaba más allá de 400 clientes. Altscore respondió.
Hasta ese momento, Altscore ya había pasado por Techstars y había cerrado una ronda semilla de $3.5 millones. La Serie A llegó en 2024 con $8.5 millones adicionales. Desde la pre-semilla inicial de $350,000 hasta hoy, el total acumulado supera los $12.4 millones.
En negocios B2B de infraestructura, el acceso al cliente correcto no se consigue haciendo ventas outbound. Se consigue estando en el ecosistema donde ese cliente ya está buscando soluciones.
Cultura con nombre propio y once principios que asustan al 80%
Altscore tiene un documento interno que llaman el “Altor”: once principios operativos que definen cómo trabaja el equipo. Uno de ellos es extreme ownership, la idea de que cada problema es tuyo independientemente de quién lo causó. No hay espacio para el relato de la víctima ni para las excusas sistémicas.
Mateo habló de esto en el capítulo con una franqueza poco común: el accountability no como valor corporativo decorativo, sino como la diferencia práctica entre un equipo que resuelve y uno que explica. Tienen un premio interno, el Pink Hoody, que se entrega a quien mejor encarna esos principios en la práctica. No hay placa en la pared ni discurso motivacional. Hay un buzo rosa y el reconocimiento del equipo.
En este capítulo también salió la conversación sobre los libros que han moldeado esa manera de ver el trabajo y de construir la empresa. Mateo profundizó en eso con Nico en el PQI exclusivo de este episodio: “Los libros que nos volaron la cabeza”. Si quieres ver esa conversación, está disponible solo para miembros de Personas Que Impactan.
Presencia en Ecuador y dónde está el mercado real
Altscore no construye solo para afuera. En Ecuador trabajan con La Fabril, Grupo Industrial Griman e Ivimar. Tienen oficinas en Ecuador, México y Estados Unidos, y operaciones activas en Argentina, Brasil, Guatemala y más países.
El modelo es replicable en cualquier empresa que tenga una red de distribución extensa y años de historial transaccional con sus clientes. El problema que resuelven no es argentino ni ecuatoriano: es de toda cadena de abastecimiento que creció más rápido que sus herramientas de crédito. Y esas cadenas existen en todos los mercados.
Lo que Altscore construyó no es revolucionario porque nadie lo hubiera pensado antes. El crédito embebido en la cadena de distribución existe hace décadas en distintas formas. Lo que cambia es haberlo sistematizado y empaquetado como infraestructura tecnológica que cualquier corporativo puede activar sin convertirse en banco ni contratar un equipo de riesgo de cien personas.
El número que resume todo sigue siendo ese 0,5% de morosidad. No como hazaña matemática, sino como evidencia de un diseño de incentivos que funciona. Arcor no persigue deudores. Los kiosqueros no quieren perder su línea. El sistema se sostiene solo.
La pregunta abierta es cuántas cadenas de distribución en Ecuador y en el resto de Latinoamérica tienen décadas de datos transaccionales sin explotar. Esa respuesta es el mercado que Altscore está convirtiendo en negocio.