A menos de 2 horas de Quito, en medio de un valle semiárido que parece otro país, existe una hostería de 12 hectáreas con piscinas infinity, gastronomía de nivel, un temazcal de los más grandes de Sudamérica y 60 empleos directos generados desde una provincia que casi nadie asocia con turismo de alto nivel.

Se llama Tunas y Cabras. Lleva 16 años operando. Y es el tipo de proyecto que demuestra que el Ecuador se construye invirtiendo, no quejándose.

Esto es lo que cualquier emprendedor puede aprender de su historia.

El nombre no es capricho: es identidad territorial

¿Por qué “Tunas y Cabras”? Porque eso es literalmente lo que abunda en la zona. Las tunas crecen silvestres, y las mujeres de las comunidades indígenas cercanas se dedican al pastoreo de cabras como actividad económica.

El nombre no salió de una agencia de branding. Lo eligió el padre del fundador con una lógica simple: nombrar lo que eres y de dónde vienes. Y ese anclaje territorial se convirtió en concepto: la tuna aparece en los cócteles, en los postres, en el paisaje y hasta en el diseño de la hostería.

Cuando tu marca refleja tu territorio, no necesitas explicarla. Se entiende sola.

De sacrificio familiar a hostería premium: el salto que nadie veía venir

Tunas y Cabras nace en 2010, pero no nace “aniñada”. Es el resultado del sacrificio de una familia que entendió algo que pocos se atreven a ejecutar: que el país se construye invirtiendo, estudiando y trabajando todos los días.

El punto de inflexión llegó cuando decidieron apostar por sofisticación. No porque alguien se los pidió, sino porque entendieron que el turismo sostenible de nicho tiene más futuro que el turismo masivo barato.

Esa decisión definió todo lo que vino después: el diseño, la gastronomía, las experiencias, el precio y el tipo de cliente que buscan atraer.

Turismo de nicho vs. turismo masivo: la apuesta que muchos critican, pero pocos entienden

Cuando decides cobrar $500 la noche por habitación en Ecuador, la reacción inmediata es el escándalo. Pero la lógica detrás es sólida y tiene un componente ambiental que la respalda.

Tunas y Cabras opera sobre un bosque seco con vegetación nativa. Más carga turística significa más impacto ambiental. Por eso eligieron un modelo donde entran máximo 80 personas, con espacios amplios, operación sostenible y una experiencia que justifica el precio.

La tarifa incluye desayuno y acceso a las 12 hectáreas de instalaciones: piscinas, saunas, jacuzzis, senderos, bicicletas y más de 3 km de camineras. Actividades como cabalgatas, masajes y safaris en 4×4 tienen costo adicional, pero el paquete base ya es una experiencia completa.

No es “caro por caro”. Es un modelo donde menos personas pagan más, generan menos daño y reciben mejor servicio. Eso es turismo sostenible de verdad, no de discurso.

Diseño que se mimetiza: piedra, cemento, madera y caña

Las habitaciones no son todas iguales, pero sí son armónicas. Cada una tiene su personalidad, pero todas comparten la misma paleta: piedra, cemento, madera y caña. Materiales que se integran con el entorno árido del valle en lugar de pelear contra él.

Los detalles hablan del nivel de curaduría: jacuzzis privados con entornos en madera, duchas donde el agua sale de la piedra, áreas separadas para cada función del baño y hasta un teléfono celular por habitación para comunicarse directamente con recepción.

Y luego está el restaurante, con techos hechos de láminas de duratecho de Novacero cubiertas con un tumbado de ramitas naturales. Material industrial ecuatoriano usado con intención estética, igual que en otros proyectos que hemos visto en Inmuebles que Impactan.

La gastronomía: un chef ibarreño con 5 años de consistencia

El chef es de Ibarra, estudió en la Universidad Técnica, y lleva 5 años cocinando en Tunas y Cabras. Eso ya dice mucho: retención de talento en gastronomía es uno de los indicadores más difíciles de sostener.

La propuesta va desde espaguetti de mariscos y parihuela (sopa con base de verde y maní) hasta bife uruguayo con risotto de hongos, salmón al vino tinto y ceviches. Pero lo que marca diferencia es lo propio: el agua de sábila que reciben los huéspedes al llegar, los cócteles de autoría con base de tuna y lavanda, y un mousse de tuna que no existe en ningún otro lugar porque la fruta se cosecha, pela y prepara ahí mismo.

Cuando tu menú tiene algo que solo puede existir donde tú estás, dejas de competir por precio y empiezas a competir por exclusividad territorial.

Imbabura: el paraíso dentro del paraíso que nadie está contando

En 2018, la UNESCO declaró a Imbabura Geoparque Mundial de la Humanidad. No es un título menor. Se otorgó por la riqueza cultural, ambiental y geográfica de la provincia: 52 cuerpos lacustres, comunidades indígenas, páramos, el paso del Camino del Inca y pisos climáticos que cambian en minutos.

En la zona de Intag se produce café de altísima calidad. Del chawarmishki se hacen bebidas y mermeladas. De la cabuya se fabrican redes de pesca biodegradables que, si quedan en el mar, el pez puede comérselas sin contaminación.

Todo esto existe. Pero casi nadie lo cuenta. Y ahí está la oportunidad para marcas, emprendedores y proyectos turísticos que quieran posicionar a Imbabura como lo que ya es: un destino de clase mundial que solo necesita que lo sepan contar.

Experiencias que van más allá del hotel: safari, caballos y un temazcal ancestral

Tunas y Cabras no vende solo hospedaje. Vende experiencias que van desde cabalgatas por la hacienda hasta safaris en 4×4 por zonas del valle que a pie serían inaccesibles.

Pero hay dos experiencias que elevan el concepto: la ceremonia de los candados (un ritual de tres pasos donde las parejas sellan deseos en distintos puntos de la propiedad) y el temazcal, que es uno de los más grandes de Sudamérica. A diferencia de los temazcales ancestrales tradicionales —pequeños, de tierra, casi claustrofóbicos— este fue diseñado para mantener la esencia espiritual en un ambiente más cómodo y amplio.

También tienen una zona con ceremonias de conexión con la naturaleza, pensadas desde lo espiritual, no desde lo comercial.

Cuando tu hotel tiene rituales propios, deja de ser un lugar donde dormir y se convierte en un lugar donde vivir algo.

El error más grande: querer complacer a todos

Cuando le preguntan al fundador cuál ha sido su mayor error como hotelero, la respuesta es directa: tratar de complacer a todo el mundo. Un perfeccionismo enfermizo que le costó salud y energía.

La solución que encontró fue la misma que escuchamos en casi todos los negocios que escalan bien: estandarización. Saber exactamente qué se va a hacer, cómo se va a hacer y sostenerlo sin depender del estado de ánimo del dueño.

Si quieres crecer sin quemarte, la respuesta no es trabajar más duro. Es definir el estándar y que el sistema lo sostenga por ti.

Tunas y Cabras genera 60 empleos directos en una provincia que casi nadie mira. Recupera plantas nativas con un proyecto de abejas meliponas sin aguijón que polinizan y regeneran el ecosistema. Demuestra que se puede hacer turismo premium, sostenible y rentable desde Ecuador.

Y lo hace desde Imbabura, no desde un destino obvio.

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